Cottonopolis, Warehouse City, Rainy City, Madchester: se llame como se llame, la capital del norte del Reino Unido, Manchester, es una de las joyas ocultas más interesantes de Europa. Y eso es especialmente válido para los viajeros del colectivo LGTBQ+, que acuden en masa a las pintorescas calles de ladrillo de esta ciudad para disfrutar de su acogedor ambiente, su gran cantidad de bares y restaurantes «queer-friendly» y su antigua reputación como faro del cambio social.
Manchester, una ciudad Gay Friendly
Aunque toda la ciudad es acogedora para los visitantes de cualquier origen, el Gay Village, situado justo al sur de Chinatown, es el centro neurálgico de la considerable comunidad de Manchester. Se trata de un barrio modesto, marcado por un tramo del canal Rochdale flanqueado por senderos y pasarelas arqueadas. En su día, estos rincones sombríos fueron el catalizador de la formación cultural de la zona. Hoy, sin embargo, el canal no es tanto un lugar de encuentros clandestinos como un orgulloso faro de la vida LGTBQ+ local, a menudo decorado con banderas arco iris que reflejan los negocios que lo rodean.
¿Cómo se convirtió en el epicentro queer?
El Gay Village es también la sede de un sinfín de eventos relacionados con el colectivo, como Sparkle, una celebración centrada en los transexuales que tiene lugar cada mes de julio. En primavera se celebra el Great British Bear Bash, y cada año se celebra la fiesta del Orgullo, que atrae a personas de todo el mundo. Manchester fue el telón de fondo de la película original Queer as Folk 17 años antes de que el candidato abiertamente gay Carl Austin-Behan fuera elegido alcalde. Decir que es una ciudad queer sería quedarse corto. Pero, ¿cómo se convirtió este enclave industrial y obrero del norte en su actual y fabuloso ser? Todo empezó con un buen espectáculo de drags a la antigua usanza.
Una fiesta de disfraces tuvo la culpa
El 24 de septiembre de 1880 unas 50 personas se reunieron en el Temperance Hall de York Street. La sala la alquilaba oficialmente la Asociación de Ayudantes de Agentes de Empeño, pero los asistentes sabían que no acudían exactamente a un acto de lo que hoy llamamos networking. Se estaban preparando para un baile de disfraces o, como lo conocemos ahora, un desfile de drags.
Por supuesto, el travestismo no sólo estaba mal visto en la Inglaterra de la época victoriana, sino que era ilegal y acarreaba castigos. Los organizadores cubrieron las ventanas y tenían una lista de invitados para proteger a los asistentes. No obstante, el jefe de policía, gracias a una denuncia anónima, envió al detective-sargento Jerome Caminada y a un par de agentes uniformados para comprobar lo que sería un evento «inmoral». Una vez allí, los policías consiguieron asomarse por una ventana sin vigilancia.
Alrededor de la mitad de los asistentes iban vestidos de mujer, algunos como personajes históricos famosos. Según la documentación, actuaban como mujeres. Algunos se besaban en otra habitación. Los agentes hicieron una redada y detuvieron a 47 personas acusadas, entre otros cargos, de prostitución e intento de cometer «actos impropios».
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